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Ataque de Pánico, Crisis de Angustia, Crisis de Ansiedad

Actualizado: 1 de feb de 2019



Crecemos con una idea acerca del mundo que nos rodea, esta idea se va confirmando a través de la propia experiencia que vamos viviendo. Una de esas ideas consiste en que no nos ocurrirá nada (ni siquiera caemos en pensarlo), lo que nos permite salir por la puerta de casa sin estar constantemente preocupados y mirando de un lado a otro por si nos pudiera sobrevenir algún peligro que comprometa nuestra vida. Esto nos permite centrar nuestra atención en diferentes cuestiones y pensar en cosas que ocupa nuestra vida diaria. Es una percepción que nos aporta la sensación de seguridad en el mundo que vivimos. De esta forma, decimos que el nivel de alerta es adaptativo y permite focalizar nuestros recursos en el presente.

Por otro lado, según crecemos, experimentamos diferentes sensaciones corporales que consideramos normales. Generalmente, solemos adaptarnos a las situaciones cotidianas aunque éstas sean estresantes. Estamos familiarizados con las sensaciones de ansiedad (frecuencia cardíaca y respiratoria elevada, tensión muscular, etcétera), no nos preocupamos, incluso aunque éstas sean intensas. Por lo general, disponemos de recursos personales para manejar el estrés y las señales corporales que percibimos, las interpretamos como normales. No obstante, pasado un tiempo en el que hemos estado expuestos a una época de estrés, nuestros recursos se ven desbordados, físicamente estamos cada vez más desgastados y comenzamos percibir señales raras de nuestro cuerpo, señales que no son normales, caemos en que algo no va bien, nos sentimos agobiados, dejamos de tolerar esas sensaciones, se vuelven molestas, estamos inquietos y tensos. El funcionamiento de nuestro sistema nervioso tiene sus propias limitaciones (aquí influye también la herencia).

Así que, un día estando sentados, o en una reunión con amigos, en un supermercado…de manera repentina notamos algo raro, sin saber por qué, notas que se acelera la respiración, el corazón parece que se sale del pecho, calor…son efectos de la taquicardia (nos desconcierta porque no encontramos una explicación. Se ha disparado nuestra alarma (“no estoy haciendo nada para encontrarme así”; “me cuesta respirar”; “¿qué me está pasando?”; “¿a qué viene esto?”; “¿por qué estoy así?”; “¿es un ataque cardíaco?”; “¿me estoy volviendo loco/a?”, “me voy a morir”; “¿por qué no se me pasa?, …) entramos en un círculo vicioso, ya que pensar todo esto no es precisamente tranquilizador... estamos incrementando el nivel de ansiedad ante la incertidumbre y las interpretaciones de que algo horrible me está pasando porque además, ¡lo estoy sintiendo!. Nos encontramos en pleno estado de pánico, la ansiedad sube, nos tiemblan las piernas, las manos, notamos sensaciones en el estómago, visión borrosa, sensación de irrealidad…probablemente acudas a urgencias y allí, tras realizarte las pruebas pertinentes, te digan que “no es nada”, “es ansiedad”…pero, ¿cómo que no es nada?, si te has sentido horriblemente mal…¿y si se vuelve a repetir?

Este es un resumen general del ataque de pánico (también llamadas crisis de angustia o crisis de ansiedad que, aunque tienen matices diferentes, en la práctica se intercambian los términos). Es un motivo muy frecuente de consulta y aprender a manejar estos ataques es fundamental para que esa percepción de que nuestro mundo es seguro no cambie y llegue a condenarnos en el aislamiento.

En caso de encontrarte en esta situación o si conoces a alguien que lo esté, consulta lo antes posible con un profesional especialista en Psicología.


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